martes, 26 de octubre de 2010
Tus ojos que antaño nunca se cansaban de los míos...

"Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
Se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
Porque nuestro amor declina".

Y responde ella:
"Aunque nuestro amor se desvanezca,
Permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
Juntos en este momento especial
En el que la Pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
Y qué lejano nuestro primer beso,
Y qué viejo parece mi corazón!".

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
Mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
"La Pasión ha consumido con frecuencia
Nuestros errantes corazones".

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
Caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
Entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
A la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
Húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
Sobre su pecho y su pelo.

"No te lamentes", dijo él, "que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
Odiemos y amemos a través del Tiempo imperturbable,
Ante nosotros yace la eternidad,
Nuestras almas son amor y un continuo adiós".

--------------------------------------------------------------------------------

Cuando estés vieja y cansada, y vencida por el sueño...
Cuando estés vieja y cansada, y vencida por el sueño,
Y dormitando junto al fuego, tomes este papel,
Y lentamente leas, y sueñes con la dulce belleza
Que tus ojos tuvieron antaño, y también con sus sombras profundas.

Cuántos amaron tus momentos de alegre dulzura,
Y amaron tu belleza con amor sincero o falso,
Pero sólo un hombre amó en tí tu alma peregrina
Y también las tristezas de tu rostro cambiante.

Y cuando, inclinada junto a las barras candentes,
Murmures, con cierta tristeza, cómo el Amor huyó
Y escapó allí arriba por los montes,
Y escondió su rostro entre un tropel de estrellas.
--------------------------------------------------------------------------------

Si tan sólo yacieras muerta y fría...
Si tan sólo yacieras muerta y fría
Y las luces del oeste se apagaran,
Vendrías aquí e inclinarías tu cabeza,
Y yo reposaría la frente sobre tu pecho
Y tú susurrarías palabras de ternura
Perdonándome, pues ya estás muerta:
No te alzarías ni partirías presurosa,
Aunque tengas voluntad de pájaro errante,
Mas tú sabes que tu pelo está prisionero
En torno al sol, la luna y las estrellas;
Quisiera, amada, que yacieras
En la tierra, bajo hojas de bardana,
Mientras las estrellas, una a una, se apagan.
--------------------------------------------------------------------------------

¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño...?
¿Quién soñó que la Belleza pasa como un sueño?
Por estos labios rojos, con todo su triste orgullo,
Tan tristes ya, que ninguna maravilla pueden presagiar,
Troya se nos fue con destello fúnebre y violento
Y murieron los hijos de Usna.

Desfilamos, y desfila con nosotros el mundo atareado
Entre las almas de los hombres, que se despiden y ceden su puesto
Como las pálidas aguas en su glacial carrera;
Bajo estrellas que pasan, espuma de los cielos,
Sigue viviendo este rostro solitario.

Inclináos, arcángeles, en vuestra sombría morada:
Antes de que existiérais y antes de que ningún corazón latiera,
Rendida y amable permanecía junto a Su Trono;
La Belleza hizo que el mundo fuera una senda de hierba
Para que Ella posara sus pies errantes.

Ahora que estamos casi establecidos en nuestra casa...
Ahora que estamos casi establecidos en nuestra casa,
Nombraré a esos amigos que ya no pueden cenar con nosotros
Junto al fuego de turba en la antigua torre,
Y habiendo charlado hasta muy tarde
Subir al dormitorio por la angosta escalera de caracol;
Descubridores de la olvidad verdad
O simples compañeros de mi juventud,
Todos han muerto y esta noche están en mi pensamiento.

(...)

Tus ojos que antaño nunca se cansaban de los míos...

"Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
Se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
Porque nuestro amor declina".

Y responde ella:
"Aunque nuestro amor se desvanezca,
Permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
Juntos en este momento especial
En el que la Pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
Y qué lejano nuestro primer beso,
Y qué viejo parece mi corazón!".

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
Mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
"La Pasión ha consumido con frecuencia
Nuestros errantes corazones".

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
Caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
Entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
A la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
Húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
Sobre su pecho y su pelo.

"No te lamentes", dijo él, "que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
Odiemos y amemos a través del Tiempo imperturbable,
Ante nosotros yace la eternidad,
Nuestras almas son amor y un continuo adiós".

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Cuando estés vieja y cansada, y vencida por el sueño...
Cuando estés vieja y cansada, y vencida por el sueño,
Y dormitando junto al fuego, tomes este papel,
Y lentamente leas, y sueñes con la dulce belleza
Que tus ojos tuvieron antaño, y también con sus sombras profundas.

Cuántos amaron tus momentos de alegre dulzura,
Y amaron tu belleza con amor sincero o falso,
Pero sólo un hombre amó en tí tu alma peregrina
Y también las tristezas de tu rostro cambiante.

Y cuando, inclinada junto a las barras candentes,
Murmures, con cierta tristeza, cómo el Amor huyó
Y escapó allí arriba por los montes,
Y escondió su rostro entre un tropel de estrellas.
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Si tan sólo yacieras muerta y fría...
Si tan sólo yacieras muerta y fría
Y las luces del oeste se apagaran,
Vendrías aquí e inclinarías tu cabeza,
Y yo reposaría la frente sobre tu pecho
Y tú susurrarías palabras de ternura
Perdonándome, pues ya estás muerta:
No te alzarías ni partirías presurosa,
Aunque tengas voluntad de pájaro errante,
Mas tú sabes que tu pelo está prisionero
En torno al sol, la luna y las estrellas;
Quisiera, amada, que yacieras
En la tierra, bajo hojas de bardana,
Mientras las estrellas, una a una, se apagan.
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¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño...?
¿Quién soñó que la Belleza pasa como un sueño?
Por estos labios rojos, con todo su triste orgullo,
Tan tristes ya, que ninguna maravilla pueden presagiar,
Troya se nos fue con destello fúnebre y violento
Y murieron los hijos de Usna.

Desfilamos, y desfila con nosotros el mundo atareado
Entre las almas de los hombres, que se despiden y ceden su puesto
Como las pálidas aguas en su glacial carrera;
Bajo estrellas que pasan, espuma de los cielos,
Sigue viviendo este rostro solitario.

Inclináos, arcángeles, en vuestra sombría morada:
Antes de que existiérais y antes de que ningún corazón latiera,
Rendida y amable permanecía junto a Su Trono;
La Belleza hizo que el mundo fuera una senda de hierba
Para que Ella posara sus pies errantes.

Ahora que estamos casi establecidos en nuestra casa...
Ahora que estamos casi establecidos en nuestra casa,
Nombraré a esos amigos que ya no pueden cenar con nosotros
Junto al fuego de turba en la antigua torre,
Y habiendo charlado hasta muy tarde
Subir al dormitorio por la angosta escalera de caracol;
Descubridores de la olvidad verdad
O simples compañeros de mi juventud,
Todos han muerto y esta noche están en mi pensamiento.

(...)

Ellos fueron mis compañeros íntimos muchos años,
Como si formaran parte de mi vida y mi mente,
Y sin embargo ahora sus rostros sin vida parecen contemplarnos
Desde el viejo grabado de algún libro; Estoy acostumbrado a su falta de vida.

(...)
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Ellos fueron mis compañeros íntimos muchos años,
Como si formaran parte de mi vida y mi mente,
Y sin embargo ahora sus rostros sin vida parecen contemplarnos
Desde el viejo grabado de algún libro; Estoy acostumbrado a su falta de vida.

(...)
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sábado 16 de octubre de 2010
Poeta chileno nacido en Parral en 1904.
Huérfano de madre desde muy pequeño, su infancia transcurrió en Temuco donde realizó sus primeros estudios.
Aunque su nombre real fue Neftalí Reyes Basoalto, desde 1917 adoptó el seudónimo de Pablo Neruda como su
verdadero nombre. Escritor, diplomático, político, Premio Nobel de Literatura, Premio Lenin de la Paz y Doctor
Honoris Causa de la Universidad de Oxford, es considerado como uno de los grandes poetas del siglo XX.
Militó en el partido comunista chileno apoyando en forma muy decidida a Salvador Allende.
De su obra poética, se destacan títulos como «Crepusculario», «Veinte poemas de amor y una canción desesperada»,
«Residencia en la tierra», «Tercera residencia», «Canto general», «Los versos del capitán», «Odas elementales»,
«Extravagario», «Memorial de Isla Negra» y «Confieso que he vivido».
Falleció en 1973. ©
Reseña biográfica


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viernes 15 de octubre de 2010

http://www.youtube.com/watch?v=zhr1IWi6jQk&feature=related



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jueves 14 de octubre de 2010
Eternidades, de Juan Ramón Jiménez


A lo largo de su carrera, el poeta español Juan Ramón Jiménez evidenció diversas influencias y motivaciones que, tras ser analizadas por algunos expertos, sirvieron para segmentar su trayectoria en tres etapas: una sensitiva (de la cual surgieron propuestas como “Arias tristes”, “Jardines lejanos” y“Platero y yo”), otra intelectual (periodo que vio nacer obras como “Diario de un poeta recién casado” y “Piedra y cielo”) y una tercera bautizada como“suficiente o verdadera” que se caracteriza por ser una época de inspiración mística y textos que reflejan la necesidad del autor de identificarse con Dios.
Además de los títulos mencionados en el párrafo anterior, dentro del ciclo denominado como intelectual también aparece “Eternidades”, un material lanzado en 1918 que está dedicado a Zenobia Camprubí Aymar, la escritora española que, dos años antes de esa primera edición, se había transformado en su esposa.
Los poemas que forman parte de este libro tienen la particularidad de ser sugerentes más que explícitos, delicados y profundos en vez de superfluos y disparadores de múltiples interpretaciones. Por no ser directos y jugar con la insinuación, los versos que se encuentran en las páginas de esta obra permiten que cada lector los pueda interpretar a su manera.
“Eternidades” es una opción de lectura que ya tiene más de noventa años de antigüedad pero, de todas formas, es digno de destacar que su valor no ha disminuído con el paso del tiempo. Por esa razón, si están en la búsqueda de joyas que permitan apreciar la maestría poética de un gran autor como lo ha sido el español Juan Ramón Jiménez, no dejen de tener en cuenta la existencia de este trabajo que, por sus características, consigue entretener y deleitar a los aficionados al género que mejor supo cultivar este autor nacido en diciembre de
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sólo el murmullo del agua contra las rocas
letanía
meciéndome volveré sólo a casa (prometido)
el bastón
dónde habrá quedado el bastón
si tropiezo o intentan robarme... qué
qué tengo que todavía quieran... ¿Palinuro?
quién ha dicho Palinuro
a qué me suena ese nombre
¿a río... a fruto... a pájaro...?
o quizás a la ciudad flotante
arrastrada por las mareas del deseo he soñado
llegaban con anfibios metálicos y saetas invisibles
a conquistarnos en nombre de algún ideal oscuro
volvíamos a ser esclavos
número
hormigueo sin norte
herramienta en busca de una mano que la gobierne
no
no está escrito en ninguna parte:
circula como un terror ansiado en secreto
una daga afilada en la llama que ilumine
el rostro del otro
enemigo de mi voz el eco
en esta larga noche mientras dure
yo grito

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